Dos mil años de historia
En los albores del Egipto ptolemaico se levantó un pequeño templo consagrado al dios Amón, que posteriores monarcas enriquecieron y ampliaron hasta dar forma al templo que hoy, dos mil años después, podemos contemplar y disfrutar en Madrid. Hablamos del Templo de Debod. Hoy visitamos su milenaria estructura de una forma diferente: lo contemplaremos a través de una bola de cristal.
Junto a la Primera Catarata del Nilo
Un templo y dos pilonos rodeados de una lámina de agua, débil remedo del río Nilo junto al que se construyó originalmente este templo, cerca de la Primera Catarata, en la frontera del viejo Egipto faraónico con el reino de Meroe, uno de cuyos soberanos, el rey Adijalamani (siglo II a. C.), ordenó la construcción del Templo de Debod.
El rescate de un tesoro amenazado
La construcción de la Presa de la Primera Catarata, a finales del siglo XIX, dañó sus milenarias piedras y destruyó sus pinturas de forma irreversible. Pero sería la gigantesca Presa de Asuán la que amenazaría con hacer desaparecer su estructura definitivamente, anegada bajo las aguas. Afortunadamente, la colaboración internacional, España incluida, consiguió salvar este templo junto a otras joyas del Egipto faraónico, como son los Colosos de Memnón o el impresionante templo de Abu Simbel.
En el corazón de Madrid
Madrid, como agradecimiento por parte del gobierno egipcio, acogió uno de estos monumentos salvados, el Templo de Debod, cuidadosamente desmontado y reconstruido en el amplio solar que dejó el Cuartel de la Montaña. Inaugurado en 1972, los rigores del clima madrileño, más frío y lluvioso que el del valle del Nilo, amenazan su milenaria arquitectura, a la espera de una construcción que proteja al templo y garantice su conservación.
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