Un balcón que evoca el Siglo de Oro

En uno de nuestros paseos por el viejo Madrid nos llamó la atención un pequeño balcón que se abre en uno de los arcos de la Plaza Mayor. Un arco que no se abre a calle alguna. Contemplándolo con calma, vino a nuestra memoria un episodio de amor, celos y adulterio que tuvo lugar en los tiempos en que Madrid era el centro de un vasto imperio.

El Siglo de Oro y Felipe IV

Corría el Siglo de Oro, y Felipe IV sentaba sus reales en el trono de España. Era la época en que la Plaza Mayor, libre aún del bello caballo de bronce que adorna hoy su centro, servía de escenario a corridas de toros, juegos de cañas o autos de fe, espectáculos a los que el monarca era muy aficionado.

La Calderona entra en escena

Entre el público que acudía a distraerse con estos espectáculos estaban los reyes y su corte, los que presenciaban los actos y las funciones desde el balcón real. Pero, de pronto, alguien se unió a este privilegiado grupo, alguien ajena a la nobleza. Era una popular cantante y actriz, María Calderón, conocida como «La Calderona» o «La Marizápalos», quien tenía una «amistad» muy especial con el soberano.

La cólera de la reina

Sin embargo, hay situaciones que ni siquiera un rey puede imponer. La reina Isabel de Borbón, quien hasta entonces llevaba con estoicismo y paciencia las continuas aventuras extramatrimoniales de su regio esposo, montó en cólera, y la bella actriz vio vetado su acceso al privilegiado balcón.

Un balcón construido en una noche

Pero el rey era el rey, y quería salirse con la suya. Si «La Marizápalos» no podía sentarse en el palco real, construiría uno para ella sola. De este modo, ordenó construir una estructura próxima a su palco, en la esquina de la calle de Boteros, la actual de Felipe III. Este balcón, que se dice se construyó en una sola noche, no existe en la actualidad, tal vez devorado por alguno de los voraces incendios que arruinaron el bello recinto a lo largo de la historia.

Evocando el pasado

Aunque este balcón que hoy observamos, cuya imagen encabeza esta modesta entrada, nada tiene que ver con el original, no hemos podido dejar de evocar esta curiosa historia, recuerdo de la época del Madrid de los Austrias.


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