Entre los distintos arrabales de la ciudad de Salamanca, el que hoy visitamos, el Arrabal del Puente, destaca por su antigüedad, ligada al paso de los peregrinos allá por el siglo XII. Su entramado rural, aunque renovado y modificado con el devenir de los siglos, conserva su estructura original, con cuatro calles de irregular factura y escasos ejemplos de sus viejas construcciones. La famosa riada de San Policarpo, acaecida en 1626, destruyó gran parte de ellas, además de causar la muerte a muchos de sus habitantes.

Cruzando el Tormes por el Puente Romano

Para llegar hasta este arrabal debemos cruzar el río Tormes por el viejo Puente Romano, del que toma su nombre. Conviene detenerse en este punto y volver la mirada hacia atrás: la panorámica de Salamanca, con sus torres y cúpulas recortadas sobre el cielo, quedará grabada en nuestra retina durante mucho tiempo.

La iglesia románica de la Santísima Trinidad

Desde aquí tomamos el viejo camino que llevaba hasta el arroyo del Zurguén, actualmente convertido en la carretera de La Fregeneda, donde encontramos el vestigio más antiguo que conservan sus calles: la iglesia de la Santísima Trinidad, magnífico templo románico construido en el siglo XII. En 1950 fue abandonada, trasladándose el culto a la Iglesia Nueva del Arrabal, erigida hacia ese año. Sin embargo, los avatares del destino quisieron que el templo original fuera restaurado en 2006, con el descubrimiento de un fresco medieval, y los fieles regresaron a su interior, recuperando su función y su romería en honor de la Virgen de la Encarnación. La nueva iglesia, con apenas medio siglo de vida, presentaba problemas estructurales que aconsejaron su cierre.

La nueva iglesia del Arrabal

Caminemos ahora unos metros, de nuevo hacia el río, para conocer esta moderna iglesia, obra del arquitecto y pintor salmantino Genaro de No Soler, quien también firmó las pinturas que adornan su interior. De estilo neobarroco, destacan en su arquitectura los dos campanarios, cuyo aspecto evoca las maravillosas torres de la Catedral y de la Clerecía, visibles desde aquí.

El molino del Tormes y la memoria del agua

No muy lejos, apoyadas en el cauce del río, se conservan las ruinas de un molino, uno de los muchos que existieron en los alrededores. Nos asomamos brevemente por la reja de la entrada, desde donde vemos, apoyadas en el muro, las ruedas que antaño sirvieron para mover el mecanismo que albergaba este edificio. Quién sabe si aún se conservarán algunos restos tras sus deterioradas paredes.

La plaza y el antiguo esplendor del Arrabal

Regresamos al breve caserío del Arrabal, adentrándonos en la Plaza de Poniente, la misma que hiciera las veces de Plaza Mayor. Antaño llena de vida, poco queda hoy de aquel antiguo esplendor.

Emprendemos el regreso a Salamanca, de nuevo atravesando el milenario Puente Romano, con la mirada puesta en el hermoso conjunto que, elevado sobre el resto del casco urbano, forman las dos Catedrales.

 

 


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