Comercios que desaparecen, pasados que emergen
El paso de los años hace que muchos comercios de una ciudad se transformen. Lo que una vez fue una entrañable tienda de ultramarinos, por poner un ejemplo, hoy puede ser una de las muchas franquicias que invaden nuestras calles. Sin embargo, en ocasiones, el pasado de estos locales se asoma a la superficie tras décadas oculto tras los reclamos del negocio posterior, evitando quedar sumido en el olvido.
Una droguería en La Guindalera
Hace pocos días, en uno de nuestros paseos por los confines del barrio de La Guindalera, en el distrito de Salamanca, nos sorprendió ver que la droguería y perfumería Europea, en el número 221 de la calle de Alcalá, en el tramo que une la plaza de Manuel Becerra con la zona de Ventas y la M-30, había cerrado sus puertas. Sus escaparates vacíos y la desaparición de las letras de bronce que formaban su nombre nos hicieron comprender que había que añadir este comercio a la larga lista de negocios tradicionales desaparecidos. En los huecos que una vez ocuparon botes de insecticida y frascos de limpiadores descubrimos una serie de letras mayúsculas pintadas en color negro. En uno de los antiguos escaparates leemos una palabra en la que creemos leer «CLAVAZÓN». Si alguien lo descifra —dejamos la imagen bajo este párrafo— le rogamos, por favor, nos lo aclare. En el otro escaparate vemos dos palabras de idéntica factura, ambas incompletas: «INSTALACIONES» y «COMPLETAS». ¿Qué negocio hubo aquí antes de la desaparecida droguería?
Transportes generales en Francisco Silvela
No es el único ejemplo que podemos todavía admirar en las calles madrileñas. Seguimos en el elegante barrio de Salamanca, aunque esta vez en el barrio de Lista. Nos desplazamos hasta el número 55 de la calle de Francisco Silvela. Allí, después de años tapado por el rótulo de un comercio desaparecido, quedaron a la vista los restos del reclamo del negocio anterior.
Sólo sobreviven dos palabras: «TRANSPORTES GENERALES», pintadas en color negro sombreado en azul. En el portal del edificio encontramos grabada la firma del arquitecto Luis Lacasa y el año de construcción 1947, por lo que no descartamos que este antiguo letrero proceda de aquella época.

Un futuro incierto
Mucho tememos, por otra parte, que esta ventana al ayer sea efímera y que, una vez que el local sea ocupado por un nuevo comercio, quede de nuevo relegado al olvido. Siempre queda la remota posibilidad, aunque no imposible, de que alguien con la debida sensibilidad quiera y sepa preservarlo. Pero, y esto es lo que nos tememos, que el nuevo inquilino lo deje de nuevo bajo su flamante nombre o que, en el peor de los casos, sea destruido y abandonado en un vertedero. La vieja droguería de la calle de Alcalá ya está en obras. ¿Qué pasará? El tiempo nos responderá en su momento.
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