El Puente del Zacatín en Colmenar de Oreja
Se llama puente, aunque no parezca serlo a simple vista. Debajo, un arroyo que antiguamente atravesaba el pueblo. Encima, la bella explanada de la Plaza Mayor. Cuaderno de un viajero inquieto está hoy en Colmenar de Oreja. Hoy visitamos el Puente del Zacatín.
Un puente para unir el pueblo
Cerremos los ojos e imaginemos que el espacio que ocupa la Plaza Mayor de Colmenar de Oreja sea un barranco por el que discurre un pequeño arroyo. A un lado, junto a la iglesia de Santa María la Mayor, se extiende la población, junto a la cual se reunían los vecinos y el concejo. Al otro lado, se encontraba un antiguo arrabal. Aquel viejo Colmenar creció, y el espacio bajo la iglesia se volvió insuficiente. Los lugareños solicitaron el favor real, pidiendo a Felipe IV un puente que, salvando la hondonada del arroyo, comunicara los dos núcleos del pueblo.
Ciento dieciocho años de obras
Las obras comenzaron en 1677, ya con Carlos II, monarca al que convendría reivindicar y salvar de su leyenda negra particular, en el trono de España. Pero la obra no resultaría fácil. Falta de recursos económicos y dificultades técnicas ralentizaron la obra durante más de un siglo. De hecho, fue necesario rellenar el profundo barranco y llevar las aguas del arroyo por una alcantarilla. Entre medias, un túnel permitiría llegar hasta las huertas cercanas, algunas de las cuales todavía existen. Finalmente, después de 118 años, un cambio de dinastía y una cruenta guerra civil, la de Sucesión, el túnel estaba terminado. Por aquel entonces, como reza la lápida que corona el arco que se abre hacia el exterior, Carlos IV ceñía la corona de España.
Tres estilos arquitectónicos
Este dilatado espacio de tiempo hace que veamos tres partes diferentes en su arquitectura. Por un lado, según entramos por la calle del Zacatín, nos recibe un espacio adintelado, sujeto con vigas de madera, cercano al estilo de la época de los Habsburgo. Por el contrario, al lado de los jardines y la fuente que encontramos a la salida, nos recibe una galería abovedada en mampostería y sillares, evidentemente dieciochesca. Entre medias, es el ladrillo el protagonista, creando tres entornos muy diferentes.
El arroyo oculto
Desde el momento en que pisamos el túnel del Zacatín, el rumor del agua nos acompaña. ¿Dónde está ese caudal que escuchamos, pero que no logramos ver? Un pequeño arco de medio punto enrejado nos da la clave. Debajo del mismo discurre, encerrado y canalizado, el antiguo arroyo que siglos atrás dividiera los dos espacios del viejo Colmenar.
Los Jardines del Zacatín
Ya al aire libre, llegamos a los Jardines del Zacatín. Una peculiar fuente, de la que hablaremos en otro momento, nos permite seguir disfrutando del agradable rumor del agua. Cerca se encuentra el Museo de la Piedra, cuya visita recomendamos. No nos olvidemos que de Colmenar de Oreja, cuyo suelo es rico en roca caliza, salió la piedra que dio forma a los palacios reales de Aranjuez y de Madrid, entre otros monumentos.
La información de esta entrada procede de las páginas web del Ayuntamiento de Colmenar de Oreja, Saborea Colmenar de Oreja y Colmenarte.
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