El castillo de Guimarães: cuna de Portugal
No lejos de la ciudad de Oporto, encontramos otra localidad, tampoco exenta de belleza. En un amplio espacio que hoy sirve de aparcamiento, tuvo lugar una decisiva batalla que dio la independencia a un condado. Junto a este espacio se elevan las torres de un castillo, entre cuyos muros, cita la historia, nació uno de los protagonistas de este hecho histórico. Aquí nació Alfonso Enríquez. Aquí nació el primer rey de Portugal. Aquí nació un país. Estamos ante una de las Siete Maravillas de Portugal. Estamos ante el castillo de Guimarães.
Los orígenes
Cuentan las crónicas que, allá por el siglo X, la condesa Muniadona Díaz (h. 900-968) fundó el Monasterio de Santa María en una localidad llamada Vimaranes, del que ya sólo queda el recuerdo. Su vulnerabilidad hizo que, poco después, se construyera una fortificación, probablemente cercada de madera, que le sirviese de protección. Un siglo más tarde, con Enrique de Borgoña (1066-1102) y Teresa de León (h. 1080-1130) rigiendo el condado portocalense, aquella primitiva construcción fue sustituida por una nueva torre.
El nacimiento de Alfonso Enríquez
Es entonces cuando la mano de la Historia quiso tocar este lugar. En 1109, dentro de sus muros, nació Alfonso Enríquez, hijo de los condes de Portocale. Este niño, años después, vencería a las huestes del reino de León, a quien debía vasallaje, y las derrotó en el llamado Campo de San Mamede, a los pies del castillo. Era el 24 de junio de 1128. Esta batalla supondría la independencia del condado de Portugal. El 26 de julio de 1139, Alfonso Enríquez de Portugal sería coronado rey.
Evolución y abandono
Con los años, el castillo ganaría muros y torres que, ya en el siglo XIII, le darían el aspecto que hoy podemos admirar. La evolución de la Reconquista dejaba Guimarães lejos del frente, y la capital portuguesa se mudaría a Coimbra, todavía con Alfonso I en el trono, y, en 1253, bajo el reinado de otro Alfonso, el tercero (1210-1279), se trasladaría a Lisboa. Aún tendría el castillo, sin embargo, la ocasión de participar en la Historia. Posteriormente, ya en el siglo XVI, sería convertido en prisión y posteriormente abandonado. Sumido en la ruina, fue convertido en pajar y en cantera, permaneciendo olvidado durante siglos.
La restauración del siglo XX
En el siglo XIX, con su demolición definitiva a punto de ser una realidad, el castillo de Guimarães empieza a salir del olvido. Considerado como monumento en 1881, en 1908 fue catalogado como Monumento Nacional, sería restaurado a partir de 1937 por el Estado Novo que, en ese año, presidía el mariscal António Carmona (1869-1951) y gobernaba como Primer Ministro António Oliveira Salazar (1889-1970). Tres años después, en 1940, sería inaugurado solemnemente durante las celebraciones del VIII Centenario de la Fundación de la Nacionalidad. También se restauraría, no sin polémica, el cercano Palacio de los Duques de Braganza y se derribarían posteriormente calles enteras de la antigua Vila do Castelo.
La iglesia de San Miguel
Aprovechando nuestra visita a Guimarães, pudimos admirar la cercana iglesia de San Miguel del Castillo, una interesante construcción románica en cuyo interior se guarda la pila bautismal en la que, así lo quiere la tradición, recibió las aguas del bautizo el infante don Alfonso, aquel que estaba destinado a ceñir por primera vez la corona real de Portugal. El edificio actual, muy restaurado en el siglo XX, procede del siglo XIII, por lo que, de ser este el templo bautismal del primer soberano portugués, debía ser una construcción anterior.
El regreso
Una vez alimentado nuestro espíritu con los vestigios de la Historia, regresamos a nuestro alojamiento por el mismo medio con el que llegamos: los trenes urbanos de Comboios de Portugal que sirven como red de cercanías al núcleo de Oporto.
FUENTES CONSULTADAS:
- Marques, José. O Mosteiro de Guimarães. Boletín de Trabajos Históricos, Vol. XLI. Archivo Municipal Alfredo Pimienta. Guimarães, 1990.
- Bitácora Torres, Castillos y Fortalezas.
- Página Paço dos Duques.
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