El Teleférico de Vilanova de Gaia
En la ribera del río Duero se alzan dos bonitas ciudades, aunque la fama se la lleva una de ellas: Oporto. Sin embargo, esta bellísima ciudad portuguesa debe mucho a su vecina, Vilanova de Gaia. El motivo: las bodegas de los famosos vinos de Oporto se producen, en realidad, en esta localidad, que es donde se encuentran las bodegas. Hoy visitamos esta interesante población, contemplándola desde las alturas. Hoy viajamos en el Teleférico de Vilanova de Gaia.
Llegar a Vilanova de Gaia cruzando el Puente de D. Luiz I
Llegamos hasta Vilanova de Gaia caminando por el impresionante Puente de D. Luiz I, cuyo doble tablero permite el paso de coches y del Metro de Oporto. Merece la pena detenerse unos instantes y deleitar nuestros ojos con las espléndidas vistas del río Douro, nombre que recibe el Duero en Portugal. No deja de llamarnos la atención que este último comparta espacio con las aceras reservadas a los peatones, sin más protección que una línea amarilla, unos bolardos y la campana de los trenes que avisan de su llegada. Es la prueba de que todo es posible con educación y civismo.
Subir al teleférico
Como en todos los teleféricos, al menos así es en los que conocemos, hay que subir en marcha a las cabinas. No es difícil, ya que la velocidad es muy baja y la apertura de puertas es automática. Sin embargo, no hay que confiarse. Un traspié aquí puede amargar el viaje al infortunado que lo sufra. Una vez fuera de la estación, donde algunas sacudidas pueden asustar a alguno, aunque no tienen ningún peligro, la ribera del Duero se abre ante nosotros, con los cascos urbanos de Oporto y de Vilanova de Gaia en sus márgenes.
Las vistas desde el teleférico
Poco a poco, sobrevolamos los tejados de Vilanova de Gaia y la bonita calle que se abre junto al río Douro, cuyo cauce se extiende ante nuestros ojos. En su orilla, meciéndose al compás del agua, lucen amarrados los rabelos, aquellas viejas embarcaciones en las que se transportaban las barricas del dulce vino de Oporto. Aunque muchos no son más que recreaciones del pasado, algunos funcionan como barcos turísticos.
Paseando por Vilanova de Gaia
No tardamos en llegar a la estación inferior. En menos de cinco minutos nos encontramos callejeando por Vilanova de Gaia, descubriendo sus pintorescos rincones y sorteando las incesantes bodegas que existen en la ciudad. Después de degustar una copa de uno de ellos, retomamos el camino de vuelta, usando de nuevo el teleférico. En el regreso, los protagonistas son el Puente D. Luiz I y el Jardim do Morro, presidido por el antiguo monasterio de la Sierra del Pilar, nombre heredado de los años en que el reino de Portugal compartió monarca con España. Lástima que, en el momento de nuestra visita, el recinto se encontrara cerrado, lo que nos privó de poder admirar la iglesia y el claustro, cuya forma circular es prácticamente única en nuestro país vecino.
Regreso a Oporto
Por fin, una vez terminado el viaje, emprendemos de nuevo el camino de regreso a Oporto, esta vez utilizando el Metro, al que accedemos en la estación de Jardim do Morro, avanzando por el tablero superior del puente. Nos da la hora de comer, por lo que procedemos a degustar una espléndida francesinha, un plato típico de la ciudad y que constituye una auténtica bomba calórica. Por fortuna, nuestro hotel está cerca y podemos echar una tranquila siesta poco después.
Información práctica
El Teleférico de Vilanova de Gaia, inaugurado en abril de 2011, une el Jardim do Morro con la zona de la ribera del río Douro. Su intención era doble: por un lado, evitar las cuestas de la ciudad, y por otro, sumar un atractivo más para los turistas y visitantes. Su coste, siete euros el billete sencillo y diez el de ida y vuelta, no es barato para el tiempo que dura el viaje, apenas cinco minutos.
Finalicemos con un consejo de amigo: quédese atrás si coincide con grupos o familias. Una vez que hayan subido a sus cabinas, hágalo en la que le toque. Así podrá disfrutar el viaje sin que nadie le incordie.
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