La Creu Coberta de Valencia
Pasear por el centro de Valencia siempre es fuente de buenos momentos, pudiendo admirar el rico y hermoso patrimonio histórico y artístico que atesoran sus calles. Sin embargo, visitar las afueras de esta ciudad lleva a conocer lugares y rincones que, lejos del circuito habitual, también nos ofrecen agradables sorpresas. Una de ellas es la que hoy visitamos, arraigada en épocas medievales. Hoy, Cuaderno de un viajero inquieto se desplaza hasta la llamada Creu Coberta.
Una cruz medieval
Nos encontramos en la calle de San Vicente Mártir, a poca distancia del nuevo cauce del río Turia. Allí se alza, debajo de un bonito templete gótico, una cruz de piedra, cuyo origen se halla en el año 1378, cuando un autor, cuyo nombre desconocemos, talló el pedestal y el crucifijo que lo remata.
El templete gótico del siglo XV
Años después, ya en el siglo XV, el arquitecto y escultor Johan Llobert y el maestro de obras Juan del Poyo renuevan la cruz, construyendo el templete que hoy le cubre, y que le da su nombre: la Cruz Cubierta. Esta restauración, o renovación, llevaba detrás un nombre propio: la Fábrica de Murs i Valls, o de Muros y Fosos, institución ligada al rey Pedro IV, encargada de la construcción y el mantenimiento de las obras públicas, muros, fosos y canales de la ciudad de Valencia. Siglos después, en el aciago año de 1898, sería de nuevo restaurada.
Cruz de término
Hay teorías que ligan su origen a Jaime I el Conquistador, rey que, según cuentan, quiso levantar una cruz en aquellos lugares en los que acamparon sus tropas durante la campaña en que Valencia fue reconquistada, en 1238. Sin embargo, su función fue la de servir de cruz de término, una de las 14 que sobreviven en Valencia, marcando el límite de la ciudad.
La Vía Augusta
El lugar en el que se halla, la calle de San Vicente Mártir, recorre el trazado de la Vía Augusta, la carretera romana que unía Narbona, en el sur de Francia, con Carthago Nova (Cartagena) y Gades (Cádiz). Posteriormente, se convirtió en el Camino Real de Valencia a Játiva y Madrid para, ya en el siglo XX, transformarse en la carretera nacional N-340, la que unía Puerto Real, en Cádiz, con Barcelona, en la que aún quedan dos hitos del Plan Peña (1939), uno de ellos cuidadosamente restaurado. Esperamos que el otro siga el mismo camino.
En futuros viajes a Valencia, ciudad que siempre nos gusta visitar y en la que nos sentimos bienvenidos, recorreremos esta histórica calle, dedicada a su santo patrón, deleitándonos con sus rincones y detalles.
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