El Tren del Castillo

El pasado sábado, 1 de julio, Cuaderno de un viajero inquieto se desplazó a Zaragoza, una de nuestras ciudades favoritas. El motivo fue disfrutar de una agradable jornada ferroviaria y disfrutar del tren de antes, el de siempre. En esta ocasión viajamos en el Tren Azul, bautizado como Tren del Castillo para este día, propiedad de la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y del Tranvía (AZAFT), en un viaje hasta la localidad de Olite, la que fuera corte del viejo reino de Navarra. Una jornada llena de historia, ferrocarril y diversión.

La salida desde Casetas

A las 9:30 horas, el tren arrancaba de la estación de Casetas, en Zaragoza, donde AZAFT tiene su sede. Los antiguos coches azules de la Compañía Internacional de Wagon-Lits, junto al precioso coche restaurante 2747, en marrón y crema, y la estafeta postal, de la que hablaremos después. Al frente, la 269-413 de Alsa Rail, bautizada como «Patricia». Desconocemos el motivo de dicho nombre.

Nuestro asiento estaba en el coche de cola, un salón ministerial con una amplia mesa en la que directivos y ministros hacían sus reuniones mientras viajaban. Al final, dos ventanas permiten disfrutar del viaje. Los dos vídeos que cierran esta entrada, disponibles en nuestro canal de YouTube, están grabados desde esta privilegiada posición.

Llegada a Olite

Tras una parada técnica en Tudela de Navarra y atravesar el apasionante nudo ferroviario de Castejón de Ebro, el tren llega puntualmente a Olite, antigua corte del rey navarro Carlos III el Noble, cuyo blasón encontramos en varios lugares de la localidad. Ante nosotros, varias horas para visitar su impresionante Palacio Real, pasear sin prisa por sus calles y, cómo no, disfrutar tranquilamente de la gastronomía local.

El regreso

Finalmente, pasadas las 18:30 horas, el Tren del Castillo abandonaba la estación de Olite y emprendía el regreso. Durante el viaje, algunos descansaban en sus asientos mientras que otros pasaban el viaje en los coches restaurante (en uno de ellos estaba disponible el servicio de cafetería), hablando, mirando el paisaje o jugando a las cartas. Hubo alguno que aprovechó las rectas de la línea para echar una pequeña siesta. Finalmente, la vistosa composición del Tren del Castillo rendía viaje en Casetas pocos minutos después de las ocho de la tarde. Así acababa un agradable día del que sólo traemos buenos recuerdos.

Un guiño a los filatélicos

Terminamos con un guiño a los filatélicos. Mencionábamos antes la presencia de un coche estafeta postal, uno de los dos vehículos de Correos de la AZAFT, habituales en los viajes de la asociación. Junto al pequeño museo que alberga su interior, existe un ambulante postal, el único autorizado por Correos en la actualidad, en el que los viajeros pueden matasellar las tarjetas postales, de temática ferroviaria, obviamente, disponibles como recuerdo del viaje.

No podemos terminar esta entrada sin agradecer a la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y del Tranvía la impecable organización de este viaje, así como la amabilidad de los miembros de AZAFT presentes en el viaje.


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