El Palacio Real de Navarra

Sobre una pronunciada colina en la ciudad de Pamplona, sobre el cauce del río Arga, divisamos un recio edificio de piedra cuyo aspecto nos llama la atención. Su aspecto recuerda al de un castillo, aunque su estética delata sin rodeos su construcción en épocas modernas. Decididos, encaminamos nuestros pasos hacia este lugar, encontrándonos de frente con la historia. Ante nuestros ojos se alza el que una vez fuera el Palacio Real del antiguo Reino de Navarra.

La portada renacentista

Una portada de sobrios aires renacentistas coronada con el blasón de los Habsburgo, adornado con el Toisón de Oro y el águila bicéfala de Carlos I, el mismo que en las tierras del Sacro Imperio fuera el quinto soberano de ese nombre. Este escudo fue colocado en 1592, cuando Felipe II, hijo y sucesor del rey-emperador, pernoctó en su interior. El Rey Prudente quiso que ocupara el lugar del antiguo escudo episcopal, uso que también tuvo, confirmando el dominio real sobre el lugar.

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Origen medieval

Su origen se remonta al siglo XII, cuando la corona de Navarra ceñía las sienes de Sancho VI el Sabio. Pamplona estaba dividida entonces en burgos: San Cernín, San Nicolás y la Navarrería, siendo en este último en el que se alza. Estos tres núcleos no serían unificados en la Pamplona actual hasta 1423, reinando Carlos III el Noble. En el lugar en que se unen se edificó la casa consistorial pamplonesa.

De residencia real a edificio militar

En su interior vivieron y gobernaron los reyes navarros hasta que, en 1512, Fernando el Católico invade Navarra, incorporando a sus dominios el territorio peninsular. Tras la conquista, el palacio fue ocupado por los virreyes de Navarra, hospedando a los reyes de España cuando visitaban Pamplona. Entre ellos se encuentran Felipe II, Felipe IV o el denostado José I, quien pernoctó en su interior durante su retirada a Francia. Entre 1841 y 1872, el Palacio Real de Pamplona fue ocupado por la Capitanía General, pasando a sede del Gobierno Militar entre 1876 y 1971. Aquí tuvo su despacho el general Emilio Mola, en los días en que se unió al Alzamiento Nacional que ocasionó la Guerra Civil. Tras el traslado de este último organismo, el edificio quedó sin uso. Los años de abandono y una serie de incendios, todos ellos provocados buscando la destrucción de la histórica sede regia, abocaron al edificio a un severo estado de ruina que hizo temer por su desaparición.

La restauración de Moneo

En manos del Ayuntamiento de Pamplona desde 1979 y, posteriormente, del Gobierno Foral de Navarra, fue restaurado en 2003 por el arquitecto Rafael Moneo. Su polémica intervención, en la que se derribó una importante parte de su estructura, preservó las alas que, presuntamente, pertenecen a la construcción original. Estos muros se conservan, ocultos tras la fachada actual. Su interior está ocupado, como adelantamos en la entradilla, por el Archivo Real y General de Navarra. También se conserva el patio porticado, ahora acristalado, y una sala abovedada en estilo gótico.

El nevero y el monolito

Junto a su fachada posterior, vemos una pequeña construcción de piedra con dos pequeños arcos ojivales. Se trata de un antiguo nevero en el que, como indica su nombre, se almacenaba la nieve caída, con la que se conservaban los alimentos en las épocas en que no existían los frigoríficos y los congeladores.

A su vez, cerca de la portada de acceso, se erigió un monolito en recuerdo de los años en que el edificio sirviera de residencia a los reyes de Navarra, rematado por el escudo de armas del desaparecido reino, vigente en la actual Comunidad Foral de Navarra.

Para la redacción de este artículo se han consultado las fuentes siguientes:

  • Burgui, Mikel. Breve resumen histórico del edificio del Palacio Real de Pamplona. Página web Nabarralde.
  • Archivo Real y General de Navarra. Página web La Ventana del Arte.

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