Llegar a puerto al anochecer

Aunque sólo se es una vez en la vida, todos deberíamos viajar en barco. La idea puede parecer descabellada. ¿Para qué vamos a desperdiciar horas de nuestras vacaciones en navegar, cuando en avión se tarda mucho menos? La respuesta es simple: llegar a un puerto al anochecer es una de las experiencias más bonitas que se pueden disfrutar.

Viajar, no hacer turismo

En esta bitácora nos definimos como viajeros, y no como turistas. Viajar es disfrutar de los desplazamientos, admirar el entorno, sin prisa por llegar al destino. Y, para ello, un barco es la opción idónea. Hay tiempo para descansar, distraerse y, sobre todo, contemplar la inmensidad del mar y ver cómo un minúsculo punto en el horizonte acaba convirtiéndose en un importante puerto en el que nuestra embarcación hace una de sus escalas.


El ocaso en Barcelona

No hace muchos días, nuestro viaje llegaba a su fin. Sí, todo acaba, y nuestro viaje no iba a ser menos. Acodado en la barandilla del barco, veíamos cómo el sol bajaba, ocultándose tras unas montañas que se veían en el horizonte.


Fue entonces cuando las horas de crucero a nuestras espaldas merecieron la pena. Llegar a Barcelona justo a la hora del ocaso y disfrutar de los colores anaranjados del arrebol de la tarde es digno de ver. Es una de las experiencias más impresionantes que hemos vivido en nuestros viajes. No fuimos los únicos. En poco tiempo, la cubierta del barco se llenó de pasajeros, atraídos por el espectáculo que se abría ante nuestros ojos.


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