La Plaza Cavour y Lucio Dalla
Entre las calles de Bolonia encontramos una pequeña plaza ajardinada, en cuyo medio una fuente refresca los calurosos veranos de la ciudad. En uno de los bancos, una figura de bronce contempla absorto uno de los edificios que rodean la recoleta plazuela. Es la Plaza Cavour, y la estatua representa a un ilustre boloñés, uno de los cantautores más importantes de Italia: Lucio Dalla.
La escultura
La escultura muestra una imagen muy habitual de Lucio Dalla: pensativo, con las piernas cruzadas y una mano descansando sobre su rodilla. A su lado, bajo un clarinete, del que era un consumado intérprete, un cuaderno con parte de la letra de una de sus canciones. Reconocemos enseguida esos versos. Son el inicio de Caruso, una de sus creaciones más conocidas, elevada a la gloria por la sublime voz de Luciano Pavarotti. La génesis de esta obra maestra daría para otra entrada de esta bitácora, aunque para ello habría que desplazarse hasta la Campania. Quizás lo hagamos alguna vez.
La mirada hacia el edificio rosa
El gesto de Lucio no se nos antoja pensativo. Nos parece más un rictus de orgullo, puede que de nostalgia. Sentados junto a la figura, descubrimos que su mirada se dirige hacia un edificio de color rosado que se divisa entre los árboles de la plaza. Un cuidado edificio de dos plantas, cuyo primer piso, el principal, está dominado por un amplio balcón.
¿Qué tiene de especial ese edificio para que la escultura del artista dirija allí su mirada? Fue allí, en ese mismo inmueble, donde el 4 de marzo de 1943 naciera Lucio Dalla. Así lo confirma una lápida conmemorativa, colocada junto al portal del que tantas veces saliera el niño Dalla para corretear y jugar en esta plaza. Abierta a mediados del siglo XIX, hoy lleva el nombre del conde de Cavour, uno de los artífices de la unificación de Italia.
Piazza Grande
Dalla siempre tuvo un gran apego por esta plaza, al igual que por la ciudad que le vio nacer. Su mejor homenaje fue otra de sus mejores canciones, si fuera posible poner alguna por encima de otra. Esta es la Piazza Grande a la que cantara allá por el año 1971, una canción que nunca faltaba en ninguno de sus conciertos. No faltó tampoco en aquel festival del año 2012, en Montreaux, ciudad en la que un paro cardíaco acabó con su vida, lejos de la Bolonia que tanto amó.
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