Nos adentramos en la Sierra de la Demanda y recorremos los caminos que unen dos emblemáticas poblaciones de La Rioja. Hoy, Cuaderno de un viajero inquieto se cuelga la mochila, agarra los bastones y se adentra en parte del sendero de largo recorrido GR-93. Hoy, caminamos entre Ezcaray y San Millán de la Cogolla.

P.K. 0,0: La antigua estación de tren de Ezcaray

Iniciamos nuestra ruta en la antigua estación de ferrocarril de Ezcaray, hoy convertida en un agradable establecimiento hostelero. Es fácil llegar hasta esta población, mediante los autobuses que conectan la localidad con Haro, Logroño, Nájera y Santo Domingo de la Calzada.
Los más intrépidos pueden acceder caminando desde esta última localidad a través del primer tramo de nuestro camino, coincidente con la Vía Verde del río Oja, cuyo trazado sigue el viejo ferrocarril que unía Ezcaray con Haro.

Un recorrido exigente, a la vez que gratificante

La ruta requiere cierta preparación, no tanto por su longitud —17 kilómetros—, sino por su desnivel acumulado, alrededor de 790 metros, que exige cierta forma física.

Bien es cierto que muchas de las subidas son suaves, pero hay tramos en los que hay que estar muy atento al terreno, ya que no es difícil resbalar en alguna bajada.

Aldeas con encanto… y agua

El sendero atraviesa tres pequeñas aldeas: Turza, Pazuengos y Lugar del Río. En ellas podemos hacer pequeños descansos y reponer fuerzas para continuar el camino. Turza, apenas habitada, sorprende por las ruinas de sus casas; duele especialmente el estado de su iglesia, evidencia del abandono y del despoblamiento sufrido a lo largo de los años.

Hay fuentes de agua no tratada en todas estas poblaciones, procedente de manantiales en algunos casos. Es potable y, aunque no tuvimos problemas al beberla, es posible que a algunos estómagos no les termine de caer bien.

Los espectaculares paisajes de la Sierra de la Demanda

El sendero avanza por paisajes de gran belleza, con la montaña riojana rodeando los caminos, algunos de ellos zigzagueantes trochas que obligan a darlo todo durante la travesía.
En ellos, las distintivas marcas blanquirrojas de los GR señalan el camino, algunas casi borradas y otras a ras de suelo. Hay que fijarse bien en ellas, ya que perderse en estos parajes no debe de ser agradable.

Entre bosques, collados y panorámicas inolvidables

El camino atraviesa dos collados. El primero es el Collado de Larrizabala, no lejos de Turza, cuya espectacular belleza hace que merezca la pena detenerse unos instantes y contemplar el paisaje que nos rodea.

Después, ya pasado Pazuengos, encontramos el Collado del Rebollar, al que sigue un bosque que convierte la caminata en una experiencia inolvidable.

La cuna de nuestro bello y rico idioma castellano

Por fin, rondando ya las cinco horas de marcha, divisamos la inconfundible torre del Monasterio de Yuso, que nos anuncia el fin de nuestro camino. De nuevo, merece la pena sentarse en alguna roca y contemplar el valle que nos rodea. Al caserío de San Millán de la Cogolla le sigue el de Estollo y San Andrés del Valle.

Contemplamos los campos en los que nació la bella y maltratada lengua en la que está escrito este texto. Muy cerca, aunque fuera de nuestra vista, se extiende Berceo, cuna del monje Gonzalo, que creó las primeras obras en nuestro hermoso idioma castellano.

Los últimos kilómetros de nuestro paseo

Sin embargo, todavía queda un postrer esfuerzo. Tras descender hasta Lugar del Río, una pequeña aldea perteneciente a San Millán de la Cogolla, nos queda el último tramo hasta nuestro destino. Apenas dos kilómetros y medio, prácticamente llanos, con el río Cárdenas a nuestra vera.

Sólo queda descansar y dedicar los siguientes días a visitar los dos monasterios, el de Suso y el de Yuso, así como su entorno.


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