No hace mucho tiempo que, recorriendo el Camino de los Batanes, visitamos el Puente del Perdón, junto al Real Monasterio de Santa María de El Paular. Hoy, regresamos a este acogedor lugar para conocer otro puente, el de la Reina, mucho más pequeño y modesto, y que, a diferencia del anterior, es menos conocido y se encuentra casi olvidado en las rutas senderistas y ciclistas.

El entorno del monasterio

Nos encontramos junto a la puerta de acceso al monasterio de El Paular, hoy habitado por una comunidad de monjes benedictinos y que, durante más de cuatro siglos, perteneció a la Orden de los Cartujos.

A pocos pasos, junto a una parada de autobús compartida por las líneas 194A (Buitrago de Lozoya – El Paular) y 819 (Puerto de Cotos – Rascafría), podemos llegar fácilmente hasta aquí. Otra forma es caminando desde Rascafría, una agradable ruta de apenas dos kilómetros de longitud.

Un puente entre la maleza

Muy cerca de la parada encontramos un camino al que se accede a través de una pequeña puerta. Con el arroyo a un lado y los muros del monasterio al otro, avanzamos varios metros hasta que otra puerta, esta vez cerrada, nos impidió continuar nuestra exploración.

Tampoco podemos afirmar que hayamos perdido el tiempo, ya que, oculto entre la vegetación, se esconde un pequeño puente que, por su estado, parece estar olvidado.

El puente y su historia

Construido en granito, el Puente de la Reina consta de un único ojo que permite salvar el arroyo de Santa María, cuyo curso nace en la Sierra de Guadarrama, cerca del límite provincial entre Madrid y Segovia, para desaguar en el río Lozoya, muy cerca del Puente del Perdón.

Su origen está vinculado al cenobio cartujo que habitó el monasterio de El Paular. Sirvió para comunicar el recinto monástico, cuya visita volvemos a recomendar, con la Casa de la Madera, el antiguo aserradero de los cartujos, que se alza en la ribera contraria del arroyo. Esta construcción, hoy parcialmente arruinada, se erigió en el siglo XVIII, lo que nos ayuda a datar el puente que hoy visitamos.

Rasgos arquitectónicos

El tablero del puente está formado por grandes losas de granito, estando su acceso bloqueado para los vehículos por dos grandes bloques de esta misma roca. Sus pretiles están decorados con cuatro adornos rematados por bolas de inequívoco estilo herreriano.

Su estado de conservación, en general, es bueno, aunque un arreglo de sus estructura y de su entono, con un desbroce de la vegetación incluido, no vendría nada mal.

¿Conocías este puente?


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