El Lazarillo de Tormes y los escenarios de su vida en Salamanca

El Lazarillo de Tormes es, sin duda, una de las obras cumbre de la novela picaresca española. Su autor, del que no se conoce el nombre con certeza, demuestra —a tenor de las referencias que aporta en sus páginas— un profundo conocimiento de Salamanca, ciudad en la que se desarrolla la primera parte del libro. Hoy visitaremos aquellos lugares de la ciudad que, de un modo u otro, están ligados con este fundamental personaje de la literatura española.

Tejares. Donde nació Lázaro de Tormes

Comenzamos nuestra ruta en Tejares, una antigua aldea que fue anexionada a Salamanca en el año 1963. Allí, en la aceña de un molino en el que trabajaba su padre, vino al mundo Lázaro González Pérez, «dentro del río», como él mismo indica en la novela, por lo que recibió el mote de Lazarillo de Tormes.

¿Existió realmente este molino? Parece ser que sí, y que se encontraba cercano a la Pesquera de Tejares, hoy reconstruida y recuperada.

Sin embargo, también pudo serlo el molino ruinoso que se hallaba apenas quinientos metros aguas arriba, cuyos restos desaparecieron con la construcción del viaducto de la A-62, al caer uno de sus pilares justo en el lugar donde se alzaba aquel ingenio.

Tras enviudar, Antona Pérez, que así se llamaba su madre,  a cuyo recuerdo se dedica una calle en su Tejares natal, y su hijo se marchan a Salamanca, donde ella encuentra trabajo como lavandera y cocinera en el Palacio del Comendador de la Magdalena, que se levantaba junto a la iglesia de la misma advocación, en las cercanías de la Puerta de Zamora. Aunque ni la puerta ni el palacio se conservan, sí permanece en pie la iglesia, aunque modificada y reconstruida en siglos posteriores, por lo que no es la misma que «conociera» nuestro personaje de hoy.

El ciego y el comienzo de las desventuras

Por esos días, ejerciendo el oficio más antiguo del mundo, Antona tiene un hijo con el negro Zaide, quien es descubierto robando y azotado por ello. Así, tanto Lázaro como su madre y su pequeño hermanastro abandonan el lugar y se trasladan al Mesón de la Solana, que existió en la desaparecida Plaza de San Martín, cuyo solar ocupa parte de la actual Plaza Mayor.

Allí, entre las Casas Consistoriales y la calle del Concejo, se abría el Mesón de la Solana, en cuyo lugar se encuentra hoy la Cafetería Las Torres, heredera de aquel histórico mesón, donde Lázaro entraría al servicio del viejo ciego que lo acompañaría en varias de las aventuras más famosas y conocidas de la obra. Ambos abandonarían Salamanca por el Puente Romano, único paso posible para salvar el cauce del Tormes en aquellos años.

El verraco y la lección del ciego

Junto al puente se encuentra el verraco, un toro de piedra que recuerda la presencia de los vetones, un antiguo pueblo prerromano que habitó por estos lugares. Allí sufriría Lázaro una de las primeras lecciones del ciego, que él mismo nos relata en primera persona:

Salimos de Salamanca, y llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra, que tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal y, allí puesto, me dijo:
– Lázaro: llega el oido a ese toro y oirás gran ruido dentro dél.
Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía a cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada…

Aquí nos detendremos unos momentos ante ambos personajes, inmortalizados en bronce por el escultor salmantino Agustín Casillas en el año 1974.

Una teoría atrevida

Finalizaremos esta entrada, antes de dar paso al habitual vídeo con que cerramos las publicaciones de esta bitácora, con una teoría, a todas luces descabellada: ¿Pudo ser el propio Lázaro González Pérez, nuestro Lazarillo de Tormes, un personaje real en carne y hueso, quien novelara su propia vida e historia bajo la personalidad de un autor anónimo?

Ahí lo dejamos…


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