En el corazón de La Liébana
Rodeados de naturaleza, a pocos metros de la hermosa villa de Potes, corazón y capital de la comarca de la Liébana, encontramos una pequeña iglesia, cuyo origen se hunde en los primeros siglos de la Reconquista. Allí, a orillas del río Deva, se alza Santa María de Lebeña. Es aquí donde hoy nos encontramos. Para llegar hasta este hermoso rincón de Cantabria tomamos el autobús que comunica diariamente Potes con Santander a través del impresionante y fascinante Desfiladero de la Hermida.
Un origen legendario
Como en todas las construcciones de esta época, el origen de esta joya del arte prerrománico cántabro se halla entrelazado con la leyenda. Se dice que fueron don Alfonso y doña Justa, condes de Liébana, quienes encargaron su construcción, en el año 924, para albergar en su interior los restos de Santo Toribio, cuyo cadáver se custodiaba en el cenobio que hoy lleva su nombre, y que entonces estaba consagrado a San Martín de Turieno. Es entonces cuando las brumas de la leyenda afirman que ambos nobles quedaron cegados, no recuperando la vista hasta desistir de su empeño de trasladar los huesos del santo hasta el templo recién erigido.
Arquitectura mozárabe
Con el paso del tiempo, Santa María de Lebeña apenas sufrió cambios en su configuración. Tan sólo el añadido del pórtico, construido en el siglo XVIII, y la construcción del campanario exento que le acompaña, ya finalizando el siglo XIX, alteraron levemente la bella arquitectura mozárabe del templo.
El tejo milenario
Junto a la iglesia se alzaba un magnífico ejemplar de tejo, cuya antigüedad superaba ya el milenio. Símbolo de la localidad, bajo su sombra se sentaron caminantes y peregrinos, siendo además el lugar en que se reunían los miembros de los concejos locales. Abatido por un rayo en el año 2007, sólo nos quedan los restos de su tronco, al que posteriormente se le añadió un esqueje que recupere, en la medida de lo posible, el recuerdo de su antecesor. De nuevo nos citamos con la leyenda: este tejo y el olivo que se alza al otro lado de la iglesia simbolizan a los condes don Alfonso y doña Justa. Sus raíces se juntan por debajo de la iglesia que ordenaran erigir.
La aldea de Lebeña
A escasa distancia de Santa María de Lebeña se alza la pequeña aldea que da a la iglesia su apellido. Aunque reducida en tamaño y, lamentablemente, de escasa población, todavía conserva restos de su pasado. Aprovechamos la visita al templo para pasear tranquilamente por las pocas calles que forman el núcleo rural de Lebeña. De este agradable paseo daremos cuenta en una próxima entrada de nuestra bitácora.
En nuestro canal de YouTube ofrecemos un vídeo con más imágenes y detalles de esta hermosa iglesia, obra cumbre del prerrománico cántabro y del arte mozárabe español.
Los datos recogidos en esta entrada proceden de las páginas de internet Arteguías, Otra Iberia y Turismo de Cantabria.
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