El claustro de las Comendadoras de Santa Cruz

El centro de las ciudades alberga rincones que, ocultos a los paseantes, sólo se ofrecen a los vecinos que conocen su existencia, quedando desconocidos a aquellos que visitan el lugar. Uno de estos rincones es el claustro del convento de las Comendadoras de Santa Cruz, en Valladolid. En su esplendor plateresco destaca su peculiar suelo, formado por cantos y huesos de taba a modo de filigranas.

Historia del convento

El origen del cenobio se remonta al siglo XV, cuando dos hermanas, doña María de Zúñiga y doña María de Fonseca, fundaron un convento en unas casas de su propiedad en la calle de Santiago, entonces conocida como del Campo. Afectado por las Desamortizaciones practicadas en el siglo XIX, fue cedido posteriormente a una comunidad de dominicas francesas, de las que recibió su nombre actual. Las religiosas mantuvieron un colegio en su interior hasta que, ya en el siglo XX, fue trasladado a la Huerta del Rey. El viejo convento quedó abandonado y, poco después, derribado. Tan sólo la citada portada, la iglesia y el magnífico claustro plateresco se salvaron de la destrucción.

El claustro plateresco

Construido en 1537 por Fernando de Entrambasaguas, el claustro consta de tres pisos, en cuyo centro se conserva una bonita fuente, cuya cota es inferior a la del suelo del patio. Rodeado por una nueva construcción de oficinas, viviendas y un centro comercial, se compone de arcos escarzanos y carpaneles, y elaborados antepechos de piedra, todas ellas de diferente factura, y de un leve estilo gótico, ya en desuso en el momento de erigirse este espacio.

El Patio de las Tabas

Pero es su suelo el elemento más destacado del conjunto. Está formado por pequeños cantos, entre los cuales, se disponen una serie de tabas, aquellos pequeños huesos de cordero con los que los niños solían jugar hace ya muchas décadas, juego que hoy, por desgracia, está ya casi extinguido. Por este motivo, a este viejo claustro, en el que el deambular de las monjas dio paso al trasiego de los comercios, se le conoce entre los vallisoletanos como el «Patio de las Tabas». No es el único ejemplo, encontrando un suelo similar en un pasillo del Real Monasterio de El Paular, en la Comunidad de Madrid.

Pese a su desaparición, los restos conservados del antiguo convento de Las Francesas merecieron su protección como Bien de Interés Cultural.

FUENTES CONSULTADAS: 

  • Panel explicativo en la fachada de iglesia de Las Francesa.
  • Página Info Valladolid.
  • Página Vallisoletvm.

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