Corrían los viejos tiempos del reino de Castilla y León cuando el rey Sancho IV el Bravo tuvo a bien entregar a Burgos una pequeña población que se alzaba a poca distancia de la ciudad, a la que el monarca tenía en gran estima y cariño. Este pueblo se llamaba Villaymara, el mismo que hoy forma parte de un barrio en desarrollo y expansión: Villímar. Hasta allí nos dirigimos hoy.
Un barrio con historia
Llegamos a Burgos en tren, apeándonos en una moderna estación que parece estar lejos de todo. Sin embargo, nos queda cerca de nuestro destino: el desordenado caserío que forma el viejo Villímar, en contraste con las rectas calles, trazadas con tiralíneas, del desarrollo urbanístico que le rodea. 
Aunque Villímar ya perteneció anteriormente a Burgos, hubo un tiempo en que formó parte de los dominios, en términos de behetría, de Lope Díaz III de Haro, señor de Vizcaya y mayordomo mayor del rey, quien lo devolvió a la ciudad del Cid Campeador.
El rural encanto del antiguo Villímar
Pronto se nos desvelan las pequeñas casas de piedra del antiguo Villímar. No deja de sorprendernos que, habida cuenta de los siglos transcurridos desde que el hijo de Alfonso el Sabio entregó este pueblo a la ciudad de Burgos, todavía mantenga el aire de aldea que se respira caminando por sus calles.
Quizás su relativa lejanía del centro urbano burgalés, cinco kilómetros y medio, aproximadamente, ahora acercado por los nuevos barrios en progreso, haya preservado este carácter rural que aún mantiene. Es fácil llegar hasta Villímar a través de la red de autobuses urbanos de Burgos.
El río Vena y la carretera de Poza
En sus cercanías encontramos el río Vena, cuyo breve cauce se halla bellamente rodeado de chopos. Este mismo río continúa hasta la plaza de España, la que atraviesa soterrado para reaparecer a lo largo de la calle de San Lesmes, pocos metros antes de entregar sus aguas al Arlanzón. Ese tramo final también discurre oculto bajo el asfalto de la calle del Gran Teatro.
El cauce del Vena es atravesado por la carretera de Poza, una larga calle que parece querer reivindicar ser la más importante de Villímar, aunque no ostente tan pretencioso nombre. Por ella se llega hasta Gamonal, otro de los antiguos pueblos hoy integrados en Burgos y que ya visitamos anteriormente.
Calles y plazas del viejo Villímar
Volviendo al corazón de Villímar, descubrimos sus antiguas casas de piedra, algunas en precario estado de conservación. Algunas resisten, como cápsulas de tiempos pasados, mientras que de otras sólo nos quedan sus solares, a modo de cicatrices. Entre ellas se abren pequeñas plazas, deteniéndonos en la mayor de ellas, presidida por una fuente de vecindad. Sólo falta aquí una casa consistorial que, dada la historia del lugar, nunca existió.
Queda en pie la antigua escuela municipal, presidida por el escudo municipal de Burgos y un rótulo en el que precariamente se lee su vieja función docente. Cuesta imaginar que por estas solitarias calles corretearan antaño los niños camino a unas aulas que ya no existen.
La iglesia de San Adrián Mártir
No tardamos en encontrar la iglesia parroquial, consagrada a San Adrián Mártir. Conserva sus aires góticos del siglo XV, aunque el bello pórtico de tres arcos ya delata formas renacentistas del XVI. No pudimos acceder a su interior. Intentaremos quitarnos esta espinita en futuras visitas. 
A su lado, rodeado por un recio muro de piedra, se conserva el antiguo cementerio de Villímar, del que se elevan dos airosos cipreses que parecen custodiar el recuerdo del pasado.
El Villímar de hoy.Un barrio que guarda su esencia
Terminamos este breve paseo por un viejo pueblo que hace ya muchos siglos dejó de serlo, merced a la voluntad de un rey, y que mantiene su carácter rural pese al tiempo transcurrido.
Esperemos que las nuevas calles que empiezan a rodear su antiguo caserío no terminen por fagocitar a aquella aldea histórica que es Villímar. Nos llaman la atención sus rótulos, dedicados a obras maestras de nuestra literatura, encontrando clásicos incontestables como el Guzmán de Alfarache, Fuenteovejuna, El Conde Lucanor o El Lazarillo de Tormes.
Parte de la información procede del libro Cosas de la vieja Burgos, de Anselmo Salvá (Editorial MAXTOR, Valladolid, 2003), de la bitácora Arlanza, bodegas, enología y folklore y de la página de internet de la Archidiócesis de Burgos.
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